domingo, 21 de octubre de 2012

LA DIGNIDAD

HOLA TODOS
Hoy les voy a hablar del valor de la dignidad.





La dignidad es el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, independientemente de su situación económica, social y cultural, así como de sus creencias o formas de pensar, es una calidad o bondad superior por la que algo o alguien goza de especial valor o estima.

La dignidad no debe ser confundida con el orgullo o la arrogancia de pensar que somos mejores que las demás personas.

El ser humano posee dignidad por sí mismo, nadie se lo da, lo tiene desde el mismo instante de su concepción, nadie se lo puede quitar bajo ningún pretexto.

La dignidad en si es la necesidad emocional que todos tenemos de reconocimiento público por la autoridad, personal, amigos, familiares, círculo social, entre otras, de haber hecho bien las cosas.

La dignidad se construye y se proyecta por medio de nuestra manera de vivir, no permitiendo a los demás hacernos objeto de ultrajes o humillaciones.

Uno de los fundamentos principales de la dignidad es auto valorarse y auto respetarse, es decir auto amarse. La dignidad implica el merecer lo mejor;  va mano con mano con nuestro auto estima porque nos impulsa a resistirnos el ser utilizados o explotados por alguien que quiere tomar ventaja de nosotros en el trabajo o en una relación sentimental.

Las personas que tienen dignidad son personas que tiene un buen balance emocional.

La dignidad se desarrolla cuando tomamos control de nuestras acciones, libre y autónomamente.

Todos los seres humanos merecemos respeto, no importando la clase social a la que pertenecemos ni la cantidad de dinero que tenemos en el banco.

La dignidad refuerza nuestra personalidad y nos da la sensación de una satisfacción interna.

Seamos entonces jóvenes dignos capaces de hacernos respetar y valorar por nosotros mismos y los demás, respetando siempre la dignidad de otros.

Como siempre les comparto un cuento:

EL REY INDIGNO
Había una vez un rey rico y poderoso, dotado de gran inteligencia, y aún mayor soberbia. Tal era su orgullo, que nadie le parecía un rival digno para disfrutar de su afición favorita, el ajedrez, e hizo correr la voz de que daría la décima parte de sus riquezas a quien mostrara tener la dignidad suficiente. En cambio, si el rey no lo consideraba digno, sería decapitado de inmediato.
Muchos arriesgaron sus vidas desafiando al orgulloso rey. Fueran ricos o pobres, torpes o inteligentes, el rey los encontraba siempre indignos, pues o no eran sabios jugadores, o no podían rivalizar con su poder. Con el tiempo, desaparecieron los temerarios rivales, y el rey comprobó satisfecho que no había en la tierra nadie digno de enfrentarse a él.
Años después, un pobre mendigo se acercó a palacio con la intención de jugar contra el rey. De nada sirvieron las palabras de aquellos con quienes se cruzó, que trataban de evitarle una muerte segura, y conseguió llegar al rey, quien al ver su harapiento aspecto no podía creer que a aquel hombre se le hubiera pasado por la cabeza ser un digno rival suyo.
- ¿Qué te hace pensar que eres digno de enfrentarte a mí, esclavo?- dijo el rey irritado, haciendo llamar al verdugo.
- Que te perdono lo que vas a hacer. ¿Serías tú capaz de hacer eso?- respondió tranquilo el mendigo.

El rey quedó paralizado. Nunca hubiera esperado algo así, y cuanto más lo pensaba, más sentido tenían las palabras de aquel hombre. Si le condenaba a muerte, el mendigo tendría razón, y resultaría más digno que él mismo por su capacidad para perdonar; pero si no lo hacía, habría salido con vida, y todos sabrían que era un digno adversario... Sin haber movido una ficha, se supo perdedor de la partida.
- ¿Cómo es posible que me hayas derrotado sin jugar? Juegue o no juegue contigo, todos verán mi indignidad.- dijo el rey abatido.
- Os equivocáis, señor. Todos conocen ya vuestra infamia, pues no son las personas las indignas, sino sus obras. Durante años habéis demostrado con vuestras acciones cuán infame e injusto llegásteis a ser tratando de juzgar la dignidad de los hombres a vuestro antojo.

El rey comprendió su deshonra, y arrependito de sus crímenes y su soberbia, miró al mendigo a los ojos. Vio tanta sabiduría y dignidad en ellos, que sin decir palabra le entregó su corona, y cambiando sus vestidos, lo convirtió en rey. Envuelto en los harapos de aquel hombre, y con los ojos llenos de lágrimas, su última orden como rey fue ser encerrado para siempre en la mazmorra más profunda, como pago por todas sus injusticias.
Pero el nuevo rey mostró ser tan justo y tan sabio, que sólo unos pocos años después liberó al anterior rey de su castigo, pues su arrepentimiento sincero resultó el mejor acompañamiento para su gran inteligencia, y de sus manos surgieron las mejores leyes para el sufrido reino.
 
Bueno amigos hasta la próxima

 

 

martes, 2 de octubre de 2012

Hola a todos
Primero que nada gracias por seguir visitando mi blog aunque los he tenido muy olvidados, tengo mucho trabajo pero aqui estoy de vuelta hoy para hablarles de un valor muy importante en nuestras vidas LA PAZ.
 
Cuando pensamos en la Paz, lo primero que se nos ocurre es la ausencia de guerra. Pero la Paz es mucho más que eso.
La paz es el fruto de la sana convivencia entre los seres humanos. Para hacerla posible es necesario un ordenamiento social justo, en el que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de desarrollarse como personas y les sean respetados sus derechos fundamentales
Así como la Siembra comprende una suma de tareas que incluye preparar la tierra, delinear los surcos, seleccionar las semillas, elegir el momento oportuno, hacer acopio de los materiales y herramientas que se van a utilizar, y no solamente el hecho de introducir las semillas en la tierra, la Paz también implica muchas cosas; por ejemplo preparar el terreno para que no surjan circunstancias que la puedan poner en peligro.
La Paz necesita de la tolerancia, la justicia,  igualdad,  solidaridad, y también de la responsabilidad de los gobernantes, quienes tienen el destino de los pueblos en sus manos, para tomar decisiones acertadas que hacen al bien común.

La Paz se nutre de las buenas intenciones, de  educación, comunicación, compromiso y del respeto.
Y recordemos la célebre frase tan llena de sabiduría de Don Benito Juárez,  Entre los individuos como entre las naciones “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
Los invito a que tengamos una convivencia en armonia y paz con nuestros compañeros,  hermanos, padres y amigos.
 
 Ahora como siempre en esta sección te dejo un cuento sobre este valor.
 
UN DESCONOCIDO MUY ESPECIAL
Ana estaba sentada en un banco del parque, cuando de pronto un desconocido la llamó por su nombre y se sentó a su lado.
-Hola Ana. Te veo preocupada.
-Es que en el colegio me han encargado un trabajo sobre la paz y no se me ocurre nada, es tan difícil…
-Ni que lo digas, si que es difícil. ¿Sabes? quizás pueda ayudarte… ¿Ves esa bandada de pájaros que vuela hacia la torre? Todos hacen lo mismo.Todos los días.Y lo más importante, lo hacen sin dañarse los unos a los otros, al contrario ayudándose si hace fata y sintiéndose fuertes en grupo, todos juntos.Viven en paz y armonía.
-Si es verdad, se ayudan, conviven y es como si supieran que la unión les hace más fuertes.
-Mira esa televisión de ese escaparate. Es un programa sobre la solidaridad. Gracias a la ayuda y la colaboración de mucha gente, muchos niños que viven en la pobreza en sus países, podrán salirde ella y podrán ir la escuela a estudiar
-Sin embargo mira esa otra televisión, son personas luchando entre sí , disparándose, no importándoles la vida del otro. Eso es todo lo contrario a la paz. Si no nos respetamos los unos a los otros y no valoramos la vida de nuestros semejantes, no podrá reina en el mundo la paz. Espero haberte ayudado en algo Ana…
-Si la verdad es que ahora me resultará más fácil hacer el trabajo del colegio. ¡Muchas gracias! Por cierto… ¿cómo te llamas?... Mis padres siempre me dicen que no hable con extraños, pero contigo me he encontrado bien y, además sabes mi nombre…
-Aunque te parezca increíble mi nombre es Dios y vivo en el cielo. ¡Adiós Ana¡
(Y el desconocido desapareció de repente ante los ojos de la asombrada Ana)

 
José Miguel Godoy Muñoz